lunes, 11 de septiembre de 2017

Autobiografía del Divague



BIOGRAFIA SINTETICA

Nací, mamé, comí, crecí, estudié, estudié, dejé, retomé, me casé, nos reprodujimos por cuadruplicado...y todavía no me morí.

MIS ORIGENES

Mis orígenes se remontan a la edad de la infancia. En general, todos mis ancestros fueron en algún tiempo niños, pero luego crecieron y sus andanzas dejaron de ser travesuras para convertirse, paulatinamente, en desmanes.
En algunos pasajes de la historia contemporánea, y no tanto, ellos llegaron al poder. Entonces sus desmanes evolucionaron "a la forma divague", modo sutil y gracioso conque disfrazaron sus correrías, y que dio origen al verbo DIVAGAR, según lo declaró la Real Academia: “andar errante”.
Esta primer acepción surgió a raíz del violento y rápido escape que debieron emprender, fustigados por movimientos libertadores que luego, al oficializarse, se vieron acometidos por otros movimientos, también libertadores, que...etc,etc, etc.
La segunda acepción a que se hace referencia, "apartarse del asunto que se trata; hablar o escribir sin concierto o propósito fijo", fue el resultado de hacerse los locos para pasar desapercibidos en su entorno. De éstos, la historia anecdótica del mundo muestra muchos ejemplos. El hecho más llamativo en la historia de mis orígenes se concreta a la desproporcionada codicia por el poder. Poder, uno puede muchas cosas. Pero en la educación que recibimos en nuestra generación, nos enseñaron, y se pretendía que lo aprendiéramos, que el "el derecho a poder de cada uno finaliza en la cerca del vecino, o algo así..." Pero aquellos antepasados, aparentemente, no pensaban lo mismo. Un ejemplo que viene de larga data, ahora tan común que se lo considera normal, es el de lo políticos. En general (tómese este término como mejor plazca, ya que le cabe a políticos y generales por igual) siempre se han apartado del asunto de que se trata. Sobre el particular, un primo mío, residente en la actualidad en su casa -con prisión perpetua domiciliaria- escribió que "como forma de exterminio deberíamos tomar la decisión de sacarnos a los políticos de encima votando de modo tal que todos ganaran".
He estado pensando sobre el asunto y hasta ahora me llena de extrañeza su ingenuidad. Algún tío político de la parentela dijo que sus palabras eran subversivas, poco claras y difamantes.
Fue en ese momento en que se produjo otra nefasta división en la familia. Hasta ese punto había 1legado a tener éxito la frase de algunos parientes cercanos "dividir para reinar". Pero jamás, creo yo, llegaron a suponer que algunos se harían eco de ella en carne propia. Lo que quisieron decir es que se debía dividir a los demás, no a los de la propia familia.
En realidad, esta idea surgió mucho antes, aunque fue oficializada tiempo después, basándose en la necesidad de dejar de ser perseguidos. Cuenta la anécdota que cierto día las fuerzas más notorias estaban acorraladas por el ejército adversario y que en ese momento trágico uno de los familiares gritó la famosa frase: "¡huyamos hacia la dereeechaaaa!", pero fueron muchos los que huyeron también hacia la izquierda – al parecer, a algunos nos les iba tan bien en el tema educativo-. Lo que no tuvieron en cuenta fue que el ejército contrario no era uno, sino dos, que luego se fueron cada uno por su lado. De modo que los divididos fueron mis parientes y no los que nunca habían estado unidos más que por razones de coyuntura.
A la familia se han sumado últimamente algunos socios adherentes que fueron adoptados por ella al comprobarse su capacidad de hablar sin concierto, apostando a la frágil memoria de sus electores. Muchos, actualmente, con la batuta en la mano; pero muchos más como aspirantes a esgrimirla, en particular en América...en Europa...también en Asia...en fin, para abreviar, en el planeta Tierra.
Este es un asunto bastante viejo, condimentado con aspiraciones de expansionismo ideológico y cultural bastante sonados al estilo “lo mío es mío y lo tuyo también”, incluyendo a personas y naciones por igual
Así, han habido inclusiones y exclusiones. Sobre el tema, lo más razonable es recurrir a un documento secreto, conocido por todos, en el que se estableció, allá por el año 1000, la doctrina de los "vendidos”. Este documento en realidad era una mera reglamentación de lo que venía sucediendo desde mucho tiempo atrás. En él se establecían los límites dentro de los que un miembro de la familia podía venderse sin poner en peligro la unidad y coexistencia del grupo. Un reflejo detallado de tal doctrina fue aquel pariente que dijo en Italia “para que todo quede como está, todo tiene que cambiar". El asunto era seguir en el poder. "Había que hacer, y esto era lícito a los fines familiares, movimientos de renovación y movimientos de cambio, además de otros de reafirmación de los ideales, etc.
Era lógico que se instituyera una legislación que ordenara tantos contrasentidos que hacían peligrar la unidad. A este respecto, los europeos -en un arrebato de hermandad- dijeron que "la unión hace la fuerza"; pero, entre mis confidentes de la familia en Argelia, se preguntaban: "Oui, mais la force de qui?”.
Era inútil. Ya existía desde ese entonces la semilla de la discordia entre mis antepasados. La legislación del año 1000 poco después fue olvidada por inútil pues se había visto superada por los acontecimientos en la lucha por permanecer, a tal punto que llegó el momento en que la familia se pluralizó. A partir de este punto las familias fueron separándose y se agudizaron las divisiones. Así que la de los políticos con mi primo no fue la primera ni será, seguramente la última. Tal vez ésta no llegue nunca. También tuve un tío político que resultó ser un infiltrado.
Hubo quién buscó frenar dicha situación y creó la legislación del reencuentro. En ella se hacía expresa mención sobre la necesidad de frenar la “atomización de la familia”. Pero tampoco dio resultado.
Se supone, y hay elementos que apoyan esa idea, que en la época en que se creó dicha ley interna no se conocía la división el átomo. Entonces se tomó el escrito como cosa de fantasía y después de haberse ponderado al autor por su imaginación el asunto fue olvidado. Mi pariente ligó un premio a no sé que y ahí terminó todo. Sin embargo, y obviamente fascinado con su idea, el hombre arremetió con todas sus fuerzas y escribió sendos artículos proclamando su idea por todo el mundo. Los únicos que lo escucharon fueron los de la parentela del Japón. Entonces viajó a Oriente donde fue recibido con una sonrisa a flor de labios y nuestros otros parientes lo comisionaron para proclamar, a pié, su ley entre los chinos. Los nipones hicieron barquitos de papel con las hojas de la legislación y se las entregaron a sus niños para asegurar su aniquilación y las que sobraron las mandaron a América donde terminaron de repartirse entre otros niños, y eso fue todo.
Con las referencias que he dado en estas páginas sobre mi promisorio pasado -aquí hay algo que no funciona- bueno, sobre mi pasado, se habrá podido notar el espíritu de amplitud y gran criterio que poseyeron. Muchos de mis contemporáneos aun postulan y sostienen algunas de sus principales ideas y formas de obrar, lo que nos da una pauta concreta sobre el actual estado de la gran familia. Lamentablemente somos muy pocos los que tenemos en claro, por sobre las divisiones partidocráticas, que en el fondo procedemos de la misma raíz y que comprendemos el problema del Ser o No Ser. Justamente un gran escritor que compartía mis puntos de vista era Shakespeare. El interpretó en esa famosa frase el sentir de la familia del divague. Por lo que esta historia no es nueva.


ALGUNOS PASAJES DE MI NIÑEZ

El primer acto del que tengo referencia es haber nacido. Es un asunto importante establecer claramente este concepto. Según alguno de mis ancestros eruditos, que ayudaron a establecer ciertas pautas de referencia para que todos pudiéramos entendernos en nuestros respectivos idiomas, lo que se 1lama diccionario, nacer es "salir el animal del vientre materno". Obsérvese el concepto que algunos tenían de la familia. Otros, apurados por arreglar las cosas, agregaron que "después de todo no somos más que animales racionales". Pero como vimos, la división ya estaba en marcha. Uno de ellos, de paso, es el que se fue a la China.
Se cuenta por allí que mis primeras disertaciones públicas, no fueron acogidas muy entusiastamente, pues no se ajustaban a los principios de la "Ley de Relaciones", creada por otro familiar y explicada por un tercero y, en general, no aplicada por nadie, en base a la cual todos teníamos la responsabilidad de compatibilizar nuestros pensamientos para vivir en armonía.
Ésta, en uno de sus párrafos, decía que "se debe razonar, discurrir metódicamente sobre alguna materia" para propender al buen entendimiento...
No obstante con la obstinación propia de la cofradía, continué incursionando en este terreno y poco a poco pude ir conociendo los vericuetos de las leyes secretas conocidas por todos, lo que no las hacía secretas, pero para contentar a los burócratas dábamos por sentado que lo eran y todos estábamos felices, o mas o menos.
Como buen miembro de la familia en mi ardían desde chico las inclinaciones y mi primera maestra acusó recibo de mis ideas. Luego mi segunda maestra preocupó mucho por mi, y así la tercera y la cuarta...pero estoy adelantando a los acontecimientos.
Una de las actividades que más me gustaba, de todos los trabajos que de niño realizaba, era tomar la mamadera. En eso, cuentan, fui muy precoz. Cierta vez alguien tuvo suspicacia de hacer una observación brillante:
-¡Miren -dijo- también crece!
Así, poco a poco, aprendí que el Sol alumbraba el día y que cuando no estaba era de noche, pero por algún tiempo seguí con varias dudas. Por ejemplo, quién alumbraba la noche, cuando el Sol no estaba, y quién el día cuando tampoco estaba.
Pero esas parecían ser preguntas sin respuesta. Una vez insistí sobre el particular y se reunió el concejo de mis padrinos para determinar que era muy preguntón y que sería necesario advertir a mis padres de semejante peligro. El Padrino Pelado exclamó a viva voz:
-”Si ahora pregunta esas cosas, piensen claramente lo que puede llegar a preguntar más tarde...”
Aquí cometió un error irreparable. Que pensaran, resultaba aceptable. Pero que lo hicieran claramente...Jamás se pudieron poner de acuerdo y así se llegó al plebiscito: por SI o por NO. El ochenta por ciento de la parentela votó por el NO, como era de esperar. Entonces se dispuso que sin más tardanza se informara a mis padres que se había votado por el NO. Pero ni mis padrinos, y mucho menos mis padres, habían definido qué cosas podía o no hacer. Poco después se daba por terminada la sesión y algunos disconformes entre los que hablan votado por el SI, pidieron una aclaración: ¿qué no y qué si?
Paulatinamente comenzaron a darse cuenta que no tenían una respuesta adecuada. Luego de algunas investigaciones y de darse por reabierto el cónclave, uno de los más eruditos ancianos que presidía la reunión para determinar tamaña cuestión, dijo que "he concluido, queridos cofrades, que este asunto merece una respuesta adecuada a la medida de las circunstancias trascendentales que estamos viviendo, en esta hora decisiva en la que se pone en juego la integridad de la familia, frente a los peligros ciertos de nuestra unidad eterna como miembros de este núcleo social, amenazado por el influjo de pensamientos foráneos que promueven la desunión y el escándalo de cada uno con su hermano...(aquí, vítores y aplausos, y de paso el fulano se ponía ancho y le daba pié para seguir el monólogo)...y considero de fundamental importancia el tema que estamos tratando, porque debemos poner en claro ahora y para siempre, para que no queden dudas en nuestros corazones ni en nuestras mentes, acicateadas por las conspiraciones y la inseguridad propiciadas desde afuera, que es completamente trascendente llegar a una conclusión satisfactoria que, valga la redundancia, satisfaga las más caras aspiraciones de los miembros de nuestra comunidad, sin que ninguno se vea desplazado de su sitio y sienta quebrantada su particular disposición a aceptar o no las decisiones del cónclave aquí reunido para dar respuesta justa a tales aspiraciones. Porque no podemos seguir tolerando que la injusticia nos embargue de pesimismo; antes, debemos tomar las armas de la justicia (brazo en alto y puño cerrado enfáticamente) y clamar a viva voz que no vamos a tolerar jamás que se nos pretenda llevar forzosamente a la ruina y el caos moral por vía de las intrigas palaciegas que las mentes envidiosas y separatistas urden con el propósito claro de alejarnos de nuestros dignos objetivos familiares (en esta instancia yo tenía un signo muy grande de interrogación en la frente: ¿de qué hablaba?). ¡No! Debemos luchar denodadamente para satisfacer nuestras demandas de claridad de conformidad con los valores más preciados a nuestro sentimiento ciudadano. Por todo ello, digo que se deben formar ya mismo comisiones que estudien las cuestiones planteadas para dar inmediata respuesta y solución a 1as mismas. He dicho”.
Más aplausos. Después de haberse sentado, ampulosa mente, otro pariente dijo:
-En mi carácter de presidente de estas magnas deliberaciones, acepto en nombre de todos la propuesta del consocio y de esta manera todos los que están de este lado evaluarán, para dar respuesta justa, como él lo pidió, la primer cuestión planteada; los de ese lado tomarán a su cargo el segundo punto y ustedes el resto. ¿Alguna pregunta? Bien. Entonces a trabajar.
Las deliberaciones fueron las más largas que recuerdo haber presenciado antes y después de ese día. En cierto momento se formaron subcomisiones de cada comisión y poco después todos terminaron en el mismo sector del local. Finalmente se volvieron a sentar en sus bancas respectivas y el presidente preguntó:
-¿Se ha llegado a una conclusión?
Uno de los deliberantes levantó la mano y dijo al presidente que "hemos llegado a tal conclusión y para expresar nuestros puntos de vista nadie mejor que nuestro anciano y amigo...-señaló hacia la presencia encorvada y canosa de un representante-, y se sentó.
El anciano tomó entonces la palabra asegurando que "es un verdadero placer aceptar el honor de ser quién ponga en claro la cuestión planteada, que responde a los más grandes intereses de la familia. Hemos decidido aceptar y respaldar la propuesta de nuestro carísimo hermano Teobaldo -e1 que había hecho uso de la palabra en primer término- y darle un voto de apoyo en su gestión".
Nuevamente aplausos y vítores y mas vítores, y en medio de todas esa algarabía, los presentes se levantaban de sus asientos y saludaban efusivamente al nombrado. Luego todos se fueron contentos y sonrientes. Por mi parte, seguí preguntando y como la decisión del cónclave era unánime, nadie se opuso a contestar mis preguntas.
Más tarde, hurgando alguno de los libros de la biblioteca vi uno que decía le-xi-co y no se que mas. En el encontré la respuesta a una cuestión que me había estado preocupando: ¿porqué la mayoría había votado por el NO sin saber que votaba? Esta fue la respuesta: -Si. Forma reflexiva del...-. No tuve necesidad de deletrear mas. Hasta me reproche no habérmelo imaginado. Este era un talento bastante escondido en la familia. Pensando en este asunto, llegué a la conclusión que aún los que habían votado por el SI lo habían hecho sin pensarlo, a causa del hábito formado en sus ocupaciones. Todos revistaban en organismos oficiales. Quedaba también otra cuestión por resolver, y era la relativa a no haber comprendido el desarrollo de la asamblea que se había suscitado la segunda vez. ¿Es que seré tan retrasado?, me pegunté, pero por miedo a que lo confirmaran me cuidé de no preguntárselo a nadie. Hace poco tiempo, después de casi treinta años, llegué a la conclusión que no fui el único que se había quedado con la duda. El sucesor del venerable Teobaldo, anciano éste más anciano de lo que cabría haber esperado, y que había muerto gritando "quiero que me digan para qué estoy aquí!", me llamó para preguntarme confidencialmente:
-¿Pariente, podrías decirme, por favor, cuales son las obligaciones que debo desempeñar?
-¿Es que tenés dudas, pregunté con aire de suficiencia, buscando el tiempo necesario para pensar que responderle.
-Bueno...debo reconocer que Teobaldo no fue muy explícito...
Entonces tuve una idea brillante.
-Considerando tu situación, te voy a ayudar.
Respiró aliviado.
-Creo, pariente, que debes ser el único que comprende este asunto.
-Bueno...dejemos eso y veamos tus responsabilidades. Primero debes hacer una recopilación de todos los términos sueltos que hay en el mundo y ordenarlos; luego, buscar el significado etimológico de cada uno y sus distintos significados corrientes, sus sinónimos, antónimos, parónimos, homónimos y equivalencias en las cinco principales lenguas.
El pobre pariente perdió la voz por unos instantes, pero luego, por temor tal vez, no tuvo el valor de reconocer que terminaría como su antecesor y de esta forma se le dio solución al problema. Cuando el resto de los sobrevivientes a aquella memorable reunión se enteró del asunto, expresaron en una declaración conjunta que "nos sentimos orgullosos del pariente preguntón, que fue capaz de anteponer los intereses de la familia a su orgullo personal que pudo haber sido herido en aquel tiempo por la incomprensión y el desaliento y que..."
Pocos días después el sucesor me llamó y me dijo:
-¡Pariente, he descubierto algo atroz! Alguien se nos adelantó y realizó el trabajo.
-¿Cómo es eso?
-Sí. Lo llaman diccionario. Fue la oposición..!
Confieso que no me atreví a decirle que había otros parientes que ya lo habían realizado hacía mucho, pero mucho tiempo.-Es cierto, dije, yo mismo he visto algunos...pero no por eso debemos desanimarnos. Haremos el nuestro para cotejar y revisar los otros.
-¡Es una excelente idea, pariente. Gracias!
Cortó con el espíritu renovado.
Pero retornemos a mi infancia. Este afán lingüístico que parece saltar a segunda vista de mis actos, está basado en algunos sucesos que tuvieron lugar en la época de mis primeros estudios. Como dije, mi primera maestra, Fulana de Tal, centró su objetivos sobre mi persona. Poco después los comenzó centrar en otros niños hasta que pidió el pase. Mengana, mi segunda maestra, no tuvo paciencia ni para llegar a fijar los objetivos. A todo esto yo clamaba por los derechos humanos, es decir, los derechos que tienen muchos, pero que no son respetados por muchos más, quienes sin embargo se preocupan para que se respeten los propios. Tenia derecho a que alguien me enseñara lo suficiente como para defenderme en la vida. Por ejemplo, nunca supe en aquel tiempo porqué podía resultar tan engorroso leer a Stravinsky, a Schubert, a Beethoven y a otros grandes. La tercera maestra, Sutana, era una eximia concertista de piano. El primer día de clase con ella me le acerqué y le pregunté si no podía tocar algo en el piano, porque me gustaba mucho la música. Ella sonrió y se notaba la alegría que la invadió, porque exclamó:
-¡Oh, qué niño maravilloso! Será un placer tocar algo para ti. ¿Qué te gustaría oír?
-Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury.
Durante mucho tiempo no supe porqué, pero se puso de pié, comenzó a ponerse colorada y con expresión de furia en el rostro tomó sus cosas y salió chillando.
Nunca la volví a ver. De esta manera tan poco usual mi educación pasó por el NO SER de Shakespeare. Cuando la cuarta maestra me pegó un garrotazo por insistir en leer a Chopin, comprendí que algo no funcionaba del todo bien. Entonces fui a ver al pariente erudito en letras y le plantié la cuestión. El rebuscó entre sus libros y abrió uno muy voluminoso. De él leyó: "Arte de combinar los sonidos". Eso es música, explicó.
-Perfecto, le dije ¿Entonces porqué no puedo leer a Chopin?
-¡Porque eso es música!
-¿Y las palabras no son sonidos?
Me hechó sin demasiadas ceremonias.
En otra oportunidad, una vecina se ofreció cordialmente a ayudar en mis problemas. Entonces volvió a surgir Chopín y ella explicó lo siguiente: "Jovencito, tu no puede leer a Chopin". Hizo una pausa y luego continuó: "Para que lo comprendas mejor lo pondré de esta manera: Chopín no debe ser leído sino ejecutado".
Me fui sin dar explicaciones, no sin antes gritarle que era una vieja reaccionaria. Pasaron los años y llegaron las frustraciones, hasta que un día fui a un concierto de un tal Jorge D'Emilio. Me senté en la primer fila del auditorio. Subió el concertista y luego de saludar se dirigió hacia el piano atravesando el escenario que se usaba para diversos espectáculos. Por eso, en el fondo del tablado, tras una cortina liviana había unos ventiladores ocultos para efectos de viento. Un técnico que estaba atento a las evoluciones del concertista para apagar las luces de la sala y dejar sólo las que estaban sobre el instrumento posó involuntariamente su mano en el interruptor equivocado. Cuando una de las partes del concierto vino a dar a mi asiento arrastrada por el viento y miré lo que contenía pude darme al fin cuenta de la raíz de mi error. Poco después todo se encauzaba debidamente, pero me quedó esa cierta manía lingüística, para desgracia del sucesor. A la edad de quince años comencé a ir a la escuela secundaria, pero eso se trata en el capítulo titulado "Algunos pasajes de mi adolescencia" que es el que sigue.

ALGUNOS PASAJES DE MI ADOLESCENCIA

Antes de entrar en tema, permítaseme introducir la posdata del anterior.
P.D.: Lo primero que aprendí a leer, a los tantos años, fue "mi mamá me ama; yo amo a mamá.
Un pariente que estaba en casa de visita me escuchó leer esto una y otra vez y como no sabía que yo estaba estudiando se escandalizó y llamó a mis padres para decirles el tremendo problema que se cernía en mi futuro.Luego, mientras hablaba, comenzó a elucubrar algún tipo de teoría psicológica sobre el complejo de los niños hacia sus madres. Cada vez se entusiasmaba más con las ideas y llegó el momento en que más parecía una máquina gesticulante que un pariente. Cuando vio por la ventana que a la habitación penetraba la oscuridad de la noche, comenzó a alejarse hacia la puerta de calle y luego siguió por ésta (por la calle, no por la puerta) hablando sólo y se fue realmente impresionado con sus fantásticas ideas que revolucionarían la psicología. No hubo forma de mencionarle el complejo de Edipo, ni a Freud, Joung y otros. Poco después supimos que había entablado una demanda contra no se que institución a raíz de cierto plagio de ideas que, decía, le habían sido robadas. La verdad es que no se de donde habrá sacado que podría enamorarme de mi mamita. Yo toleraba que ella le dijera “papi” a ese señor que todas las noches regresaba a casa, así que todo estaba en orden. A los diez años inicié el tratamiento y a los catorce llegué a comprender que quien llegaba a casa era mi papaito que volvía de trabajar sacrificadamente por el bienestar de la familia. A los quince es de lo que trata este capítulo, no sin antes aclarar que mi pariente era zapatero. En la escuela secundaria aprendí, respecto de éste pariente, que alguien en alguna parte había pronunciado la famosa frase "zapatero a tus zapatos". Un día, casualmente, al salir del colegio encontré al psicozapatero.-¿Qué tal, dije, siempre con la psique?
-¡Hola!, saludó. Si, bastante bien.
-¿Y la zapatería?
-Siempre en su lugar, pariente, siempre en su lugar...
Y se fue sin llegar a despedirse. Pasó como un hálito por delante mío y se esfumó paulatinamente a la vuelta de la esquina. Me quedé parado un rato tratando de digerir el fugaz diálogo, diciéndome que todo este asunto tenía un raro sabor -como todo lo de la familia, por otra parte-. En otro momento pasé por la zapatería y casi me pierdo. Verifiqué el número y la calle y estaba en el 1ugar correcto pero allí no había ninguna zapatería. Entonces vi al pariente hablando con una señora. Me acerqué y se estableció el siguiente diálogo:
-¿Que pasó con tu zapatería?
-Leí una versión del diccionario que editará uno de los parientes dentro de quince años y en el término zapatero habla de "las legumbres o las viandas que cuecen mal o quedan correosas".
-No tengo noticias de tal diccionario, sobre todo porque se editará dentro de quince años...
-No importa. Recibí una edición anticipada. De un viajero.
Me había enterado claramente lo que sabía mal, por lo que decidí seguirle la corriente.
-¿Y entonces?
-Que eso me dio la idea de poner este puesto.
Sin querer, indirectamente, me había enterado de algunas de las particularidades más notables que caracterizarían al diccionario editado en la familia y, a decir verdad, de haberlo sabido a tiempo habría buscado otra ocupación para el sucesor.
-¿Pero y la psicología?
Dejé al pariente teatralizando Hamlet con un morrón. Era imposible seguir un diálogo semejante y me fui recordando los deberes para el día siguiente. Pero al llegar a casa lo primero que hice fue revisar mi diccionario y busqué el término zapatero. Ciertamente la acepción era correcta, pero era una de tantas. Volví con el diccionario a la verdulería y le mostré el error al psicozapatero. Pero insistió en decir que "si el pariente que lo editará dijo eso, así será".
-Pero puede haber cometido errores, haber hecho un trabajo incompleto, argumenté.
No hubo nada que hacer. No pude convencerlo, ni tampoco pude convencer a mi profesor de matemáticas para que no me aplazara al día siguiente cuando le dije que no había estudiado por el asunto del diccionario que aún no se había editado. Al margen, eso sirvió para que me tomaran el pelo el resto del año.
Otras actividades de esa época pueden resumirse diciendo que se ajustaban la rutina de un estudiante fuera de edad. Lo más interesante fue la cantidad de macanazos que aprendí acerca de la familia. Nunca pude llegar a elaborar muy bien un análisis preciso de la historia porque no atiné a quedarme con ninguna de las versiones que en los libros se daban respecto a ella. Tuvimos que estudiar sobre un egipcio que había hecho acarrear bloques de granito de varias toneladas sobre la arena usando rodillos, todo para satisfacer su ego, pero por los archivos familiares de la época, o por lo menos, reconozcámoslo, una versión más, fue un superrecontraarchitatarísimo abuelo de mi recontrachozno, en fin, un pariente lejano, quien hizo escribir en una de las pirámides ya existentes su nombre para pasar a la historia. Pero cometió un fallo: se murió antes que el sarcófago estuviera terminado y justo un día festivo. Así que para que no se demoraran más los trámites legales lo embalsamaron y lo mandaron por el Nilo con una carta de recuerdo a la parentela. Al llegar a un sector en el que estaban los parientes de la contra, éstos se disgustaron por la falta de cortesía al no avisar con tiempo de las exequias y lo entregaron a los peces que agradecidos padecieron el dolor de estómago que luego los mató. Los pocos que lograron sobrevivir emigraron del palacio y fueron a establecerse en los alrededores y así se perdió todo vestigio del antepasado. Se cuenta, además, que su sarcófago lo metieron sin terminar de cortarle la tapa dentro de la pirámide, pero en la parentela dicen que eso fue para justificar la desaparición de bienes cuantiosos que, teóricamente, estarían acompañando al fulano, según la tradición imperante.
Una de las materias que más me apasionaba eran las matemáticas. En cuarto año le saqué el logaritmo a todo lo que resultaba mensurable. Más tarde, al aprender trigonometría mi pasar favorito era calcular las alturas de los edificios de la vecindad desde la ventana del departamento en que vivía.
Por ese entonces comencé a tener problemas de puntos de vista. Según el oculista tenía hipermetropía. Con el uso de los anteojos llegué a mejorar mi visión pero no mis puntos de vista. Otra ocupación apasionante fue el tema de los ovnis, en el que comencé a incursionar a los quince años, relacionándome con otros jóvenes con los que dimos a luz (no sea mal pensado) varias organizaciones dedicadas a un estudio en el que todos decían tener la manija, pero ésta, invariablemente, estaba en el cielo; con lo que muchos trasnochados no tenían mas que las ganas y las vanas ilusiones de sobresalir del resto. También se hacían investigaciones y seguimientos supersecretos en ruidosas motocicletas y camiones que se veían a una cuadra. Toda una antología de la pavada en la que el protagonista era figureti.Pero todo lo demás andaba sobre rieles y pude experimentar en carne propia alguna de las compensaciones equilibrantes de la vida: mientras mas experiencia ganaba mirando el cielo en busca que objetos voladores no identificados, mas perdía la vista. Tal vez haya alguna ley física que describa este hecho, pero lo cierto es que debí comenzar a usar cada vez más aumentos. A pesar de este hecho, el tema verdaderamente me puso en órbita. Tomé conocimiento de la existencia de parientes allende la Tierra lo que me alegró mucho porque la familia ya no se veía restringida al mundo, sino al cosmos. De pronto, esta situación me dio tal amplitud de miras que todas las perspectivas se me salieron de lugar. Las busqué durante bastante tiempo hasta que tropecé con quien me dijo que con mi aceleración estarían en órbita. Comprendí que eso era bastante probable porque vivía más pensando en las estrellas que en la tierra. Ya en el pasado la parentela había inventado un dicho para este asunto. Le decía estar en la Luna. A mi abuela la escuché infinidad de veces decirme que bajara de allí, pero por lo que sé, en general tuvo poco éxito. Por eso estas memorias las escribo desde el exilio.
En fin, no hubo nada que yo hiciera que resultara novedoso. Invariablemente, alguno de la familia lo había hecho antes y, para colmo, si no encontraba rastros entre los terráqueos cabía la posibilidad que alguien lo tuviera en su haber en alguna otra parte. Este asunto era realmente terrible.
Mi familia, según se habrá comprobado, era muy afecta a los dichos. También le pertenece ese que dice que "no hay nada nuevo bajo el Sol". He estado pensando que no hay nada nuevo bajo ningún sol.
Entre mis parientes existe la propensión de creer que soy una especie de mutante. Rara vez en la historia se han dado casos de parientes que intentaran razonar. Soy, entonces, una especie de oveja negra de la familia, dicho éste perteneciente a un granjero del medioevo que habitaba en un feudo donde trabajaba Robin Hood . No fue el primero, pero sí uno de los más importantes aventureros que tuvimos, cuya historia me hizo soñar muchas veces con países encantados y despertarme pensando que si él viviera en la actualidad sería un anacronismo. Se dice insistentemente que toda esta historia es producto de la imaginación, pero sabemos en la familia que esa fue la propaganda en contra esparcida por los intereses que buscan hacer creer que no se puede luchar contra los tiranos y déspotas y que quienes lo hacen son héroes míticos.
Hay otras muchas cosas que se toman como producto de la inventiva y que son ciertas, habiendo ocurrido aquí o en otra parte. Se de parientes lejanos que lograron cruzar el espacio interga!áctico y llegaron a nuestro planeta e, instalándose en él se cruzaron con los naturales y el resultado fue el menjunje del que descendemos.
Así, nuestra vida trasciende esta esfera y nuestro destino está en 1as estrellas de las que provenimos.
Un filósofo, por lógica de la "cria", expresó que el ansia de figurar, 1o que se llama "llegar al estrellato", es un reflejo inconsciente de ese hecho.
Se nos enseñaba, también, que el hombre prehistórico es el eslabón más rudimentario en 1a cadena de la evolución humana; pero en 1o que a mi respecta, después de haber visto de una ojeada los resultados de la imprudencia de la parentela y de los vecinos, y el derrotero que ha tomado nuestra...¿civilización?, he llegado a pensar que el hombre primitivo no es sino la causa de la involución de civilizaciones que se convirtieron a sí mismas en salvajes. Un triste final para tantas expectativas...
Lo mas coherente que aprendí fueron las palabras de ese gran pensador griego que dijo "sólo sé que no sé nada". Si tuviéramos la humildad de reconocer esa verdad estaríamos en camino de aprender a ser sabios.Al cabo de un tiempo me dí cuenta que había llegado a quinto año. Después de este portentoso descubrimiento, hice otro mucho más alarmante. ¿A qué dedicarme ahora?
Salta ojos vista que estaba completamente definido en cuestión de mi futuro y, haciendo honor a la tradición, elegí una carrera equivocada. Por eso varié nuevamente de puntos de vista y algunos dicen, después de haber leído mis trabajos, o alguno de ellos, o algunos párrafos, o...bueno...ya saben, que mejor me habría ido como biólogo.Pero esta altura había llegado a la edad en que mis correrías deben ser tratadas en el siguiente capitulo.

ALGUNOS PASAJES DESPUES DE HABER DEJADO DE ADOLESCER LA
ADOLESCENCIA Y COMENZAR A ADOLESCER LA ADULTEZ

Deben ser ciertas, pero me resisto a creer en esas divisiones que se hacen para separar las distintas etapas del desarrollo de los hombres y, de paso, de las mujeres. Usualmente estas diferencias se dan en relación a la edad física del individuo, pero en la familia de quejosos a la que pertenezco todos han adolecido durante toda su vida. De niños porque les dolían los dientes o la panza; de jóvenes porque les dolía el corazón y de adultos porque les dolía el bolsillo. Los únicos que se salvaron fueron aquellos que vivieron antes que se impusiera la moda europea, con sus ropas llenas de bolsillos, invento que surgió como consecuencia del crecimiento de la avaricia en combinación con la comodidad y, en especial, patrocinada por los rateros. Pero a ellos lo que les dolía era la bolsa, o aquello donde fuera que guardaran el dinero; y a todos de ancianos, les dalia haber dejado la juventud.
A todos, menos a un pariente que logró la forma de mantenerse siempre joven. Cierta vez lo encontré hecho un pibe y, pensando que cuando lo conocí teníamos la misma edad, comprendí que él seguía tal y como estaba entonces, mientras que yo, comparativamente, había seguido el indeleble camino de la vejez que me alcanzaría algún día. Le pregunté insistentemente cómo lograba mantenerse de esa forma y al fin accedió a contarme su historia. A los veinte años mientras recorría los bosques cercanos a su poblado, en el centro de Europa, hace de esto varios siglos, una mujer de extrema hermosura y muy joven se le acercó y le propuso unirse a ella para vivir eternamente juntos y felices, algo así como en los cuentos de hadas. Fue muy grande la tentación que sufrió y en su debilidad humana, ante lo que tenía a la vista, no resistió y dijo que aceptaba. Entonces la mujer le dio una pócima y a partir de ese momento vivieron juntos, con felicidad de a ratos, hasta que el carácter insufrible de su compañera hizo que se alejara de ella, la que comenzó a perseguirlo alrededor del mundo, no tanto por su debilidad de amor, sino porque este sinvergüenza le había quitado la fórmula de la droga. Sin ésta, que debía ser ingerida cada cierta cantidad de años, la mujer envejeció de pronto y perdió las fuerzas para perseguirlo por doquier. Pero tiempo después él mismo se vio en apuros para conseguir algunas hierbas de muy difícil adquisición. Regresó entonces al punto de partida y buscó desesperadamente en el bosque en el que había encontrado a la mujer hacía diez años. Por fin encontró lo que necesitaba y preparó cantidad suficiente para que le durara varios siglos.
Había logrado trascender entonces las edades viviendo parte de la historia y escapándose por casualidad de alguna de la tentativas del hombre por destruirse a si mismo y a la naturaleza, lo que al final viene a representar idéntica tontería. Nunca se había separado de la familia, y me propuso acompañarlo en su aventura de eternidad pero, me dijo, yo debía procurarme los elementos para elaborar la droga y él me mostraría como hacerla.Después de buscar como un condenado estuve listo y juntos preparamos el brebaje. Quiso ser el primero en probarlo para reconocer su gusto espantoso y ver si no nos habíamos equivocado en nada, pero me dí cuenta que no quería gastar del suyo, por las dudas. No pude convencer a mis padres que el bebé con el que me encontraron no era mío, y menos aun que se trataba de un pariente que tendría una larga, pero muy larga infancia...
Después del susto que me dí, resolví tirar el resto de los brebajes y dejé estas especulaciones de lado, dedicándome a la pesca. Así obtuve varios carterazos de señoritas y algunos resfríos a orillas de la costanera, lo que demuestra, en la práctica, las diversas acepciones de un término.
También se me había dado por las lenguas, en especial a la vinagreta, y además el Esperanto, el Francés y el Inglés. Como me daban rachas en las que me empecinaba con alguna cosa, cuando me cansé de las lenguas comencé con la música y la literatura.No hacía mucho me había recibido como periodista, con título reconocido, presuntamente, por los que me lo habían otorgado y yo mismo. Entonces quise comenzar a trabajar para lo cual recorrí varios lugares dedicados a la tarea de informar. Al principio no logré que me atendieran en ninguno. Luego me conecté con otros que me atendieron gustosamente hasta que salió el tema de vivir. Poco después fui a ver otros. También había comenzado en ese tiempo a incursionar con la fotografía periodística. Aquí tuve un poco mas de suerte: no caminé tanto para comprender que estas puertas no se abrirían para mi. Entonces, me dediqué a la fotografía artística, siguiendo la más noble tradición familiar: morirnos intelectualmente de hambre.
Pero estas páginas demuestran lo contrario, y el hecho de seguir vivo me permitió conocer mi esposa. Cierto es que cuando la conocí no sabía que sería mi esposa, pero todo puede arreglarse. Ambos estudiábamos Esperanto. Años inolvidables...por eso aún los recuerdo. Y éste, después de mi nacimiento, constituyó el segundo hecho más importante en mi vida. Hubieron algunos sub-hechos, de los cales me he pasado el libro hablando, pero la formación de un hogar, entiendo, es de los más trascendentes. Hemos vivido con los conflictos y alegrías que habitualmente nos buscamos, los que cuando son buenos nos adjudicamos y cuando son malos se los adjudicamos a la vida o a cualquiera que esté cerca. Pero, finalmente, logramos nuestra meta de tener un hogar. Por supuesto, también tuvimos hijos. Pero aquel tiempo en que los niños, verdadera alegría de un hogar -a leña o gas-, y la casa eran solo un proyecto, sucedían otras cosas. Por ejemplo, ambos trabajábamos. Bueno, ella trabajaba, yo, ya saben...
También salíamos, solos y a dúo. Salíamos solos de nuestras respectivas direcciones postales, -porque no siempre las escrituras están a nuestro nombre, a pesar que la costumbre nos lleve a decir “mi casa”- y al encontrarnos, entre otras cosas, íbamos al cine, después a cenar y finalmente aún nos quedaba dinero para una sobremesa en algún bar y para el regreso. Ahora...
Mejor dejemos de lado esas ideas que muchos tíos políticos de la familia, y otros políticos de la contra, consideran subversivas, nombre que en ciertos lugares recibe la realidad. Respecto a este tema, uno se llena de...-no se me ocurre ningún término exacto para definir el hecho de que siempre unos y otros se pongan de acuerdo, y sin discusión, para aumentarse los ingresos y para jorobarle mejor la vida al prójimo-. Esto me trae a la memoria lo expresdado por un pariente: “donde hay poca justicia es un peligro tener razón. Por ejemplo, Subversión: acción y efecto de subvertir. Subvertir: trastornar, revolver, destruir. Cuando se nos miente descaradamente; cuando no podemos expresarnos sin temor a ser raleados; cuando estamos a merced de la delincuencia pública o privada; cuando se legaliza la inmoralidad; cuando crece la violencia provocada por sectores antagónicos que luchan por el poder de subyugar; cuando...cuando...¿no se está trastornando, revolviendo y destruyendo la vida social, la familia y la nación? ¿No es esto subversión, venga de donde venga?”
Cabe destacar que este pariente, ya raleado, expresó estas palabras en ocasión de dirigir un discurso a la concurrencia de una agrupación que era oficialista, pero que a partir de ese momento, y por fuerza mayor, pasó a la clandestinidad, hasta que ya en el poder, y para demostrar la buena voluntad y buena fe de sus dirigentes, dieron una amnistía que involucraba a todos los sectores políticos salvo, lógicamente, a los apátridas subversivos que, justamente, eran los derrocados. ¿Y mi pariente? Haciendo uso del sentido innato de oportunidad de la familia, se pasó de bando...tres días antes del golpe de estado que derrocó al gobierno. Por lo que sé, aún está en la clandestinidad.Retomando el hilo de la cuestión de mi pareja, cabe destacar que nuestro noviazgo era muy transitado. Eramos muy caminadores, o pedestres. Es necesario hacer una aclaración: ninguno de los dos éramos “llanos, vulgares, incultos o bajos”. Tal la definición que sobre dicho vocablo aparecía en el diccionario familiar. A raíz de este hecho fui a ver al pariente que lo había realizado. Estaba en su casa, y allí me enteré que ya no se llamaba Pedro dado que no aceptaba la definición que sobre el vocablo se daba en la Real Academia (para mayores referencias véase Pedro en cualquier diccionario, excepto en el de la familia ya que no figura). Cambió de nombre varias veces, ante lo cual le expliqué que no importaba como se llamara uno, sino como era realmente como persona, pero no me escuchó. Como lo de los nombres no le cuadraba, adoptó una cierta cronología y hoy, gracias a un amigo de la colectividad, dice llamarse 5745. De paso, afirma, se actualiza anualmente. Evidentemente me siento culpable.
Pero volvamos a lo nuestro. Hablando de caminar, tuve otro pariente que era medio poeta, y se había enamorado de los versos de un verdadero poeta español, no porque los verdaderos poetas deban ser forzosamente españoles, sino por ser esa la nacionalidad del aludido, quien había escrito eso de “caminante no hay camino, se hace camino al andar...”
Tanto le impresionaron estas palabras que se las hizo tatuar en ambas piernas. Pero su pasión no terminó ahí y las llevó a la práctica: tres veces lo llevaron preso por violación de la propiedad privada y otra lo rescató un bote que casualmente pasaba por el lugar por donde pretendía abrir camino. La última vez, los testigos dicen que antes de incrustarse en la espesura de la que lo sacaron, lo escucharon recitar a gritos mientras caía “...y al volver la vista atrás se vé el camino que nunca se ha de volver a pisar...”
Retornando por enésima vez al asunto de mi noviazgo, al fin, de tanto salir, un día ninguno retorno a su último domicilio conocido. Nos habíamos casado, por lo cual resultó lícito que nos fuéramos a vivir juntos, aunque hoy, para nuestra “sociedad evolucionada”, esa regla de vivir juntos después del trámite legal parezca un anacronismo. Pero antes, pasamos por la luna de miel. Un amigo nos regaló una semana en su departamento de la costa atlántica. Una de las anécdotas más risueñas la viví en ese departamento a poco de llegar. Me habían regalado un pijama medio estrafalario de color azul eléctrico oscuro con lunares blancos, con un pantalón tipo bermuda. Era realmente algo para usar de vez en cuando y muy en privado. Pero de pronto, sorprendido por el timbre, fui a abrir sin tomar en cuenta el detalle de como estaba vestido. La cara del portero mientras me miraba de arriba abajo con los ojos casi desorbitados fue la cosa más graciosa que recuerdo. Bueno, también recuerdo otras cosas, de las que obviamente no pienso hablar.De acuerdo al cómputo familiar -con lo que volvemos al principio del capítulo- instituido y llevado por respetables científicos de la familia, según los cuales la edad debía contarse a partir del primer momento de la gestación, poco después tuvimos un bebé de nueve meses (código familiar). A los quince meses, pedía a gritos agua desde la cuna, hecha para él especialmente por Percio, personaje de los vecinos, pero que merecía ser miembro honorífico en la larga lista de materia grisácea de la familia. Siempre se las ingeniaba para despertarme de madrugada...mi hijo, no Percio.
Como digno ejemplo de a sangre que corre por sus venas, lo primero que le escuché decir fue ¡No!. En otra oportunidad dio muestras de su buen humor: lo estaba cambiando y siempre le hacía cosquillas en la barriga. El se retorcía riéndose a carcajadas por lo que yo estaba muy cerca para sostenerlo en caso que se pudiera caer del cambiador. Terminé de cambiarlo y tuve que cambiarme también yo.Tiempo después, ya en otro domicilio, nacía nuestro segundo hijo, exactamente un año y medio menor que su hermano. Ambos habían nacido el mismo día más nueve meses. Con este asunto de los nueve meses de gestación que eran computados a los nacidos en la familia hubieron grandes disputas, sobre todo entre las mujeres, las que estaban contentísimas por tener casi un año más hasta los 16, a partir de los cuales estaban furiosas por el mismo motivo.
Por eso, una solemne junta, una más de las miles de solemnidades, se decretó que a partir de la fecha cada uno podría llevar la edad que se le ocurriera. Poco después se realizó otra reunión con la intención de poner coto a los constantes cambios de edad de las féminas, y de unos cuantos más, según transcurría el tiempo y la necesidad, y se introdujo una reforma cuyo texto decía que "visto el grave problema que acarrea la libertad de edad, que trae incomunicación, burla y malestar en el seno de la familia, se determina en este acto introducir esta reforma al estatuto de referencia. Por lo tanto, avalada por los abajo firmantes, o pulsantes, se establece que los miembros de esta congregación, no importa su edad o sexo, llevará la edad que deseen tener, no pudiendo modificarla a voluntad salvo en caso de fuerza mayor.Notifíquese y archívese".
Nunca vi que en la familia se dieran tantos casos de fuerza mayor, así que al final todo quedó como hasta entonces.
Continuaba pasando el tiempo por nuestra vida y, al margen de lo visto, esta manera de encarar las cosas trajo mucha controversia en la familia. El punto era: ¿el tiempo pasa por nuestra vida, o nosotros pasamos por el tiempo?
Se han escrito innumerables volúmenes a este respecto. Cuando todos habían quedado al fin de acuerdo en que, dadas las circunstancias, el tema no se volviera a tocar, yo vine a meter el dedo en la llaga. Muchos de los de la parentela leyeron este trabajo y, aparte de lo que ya tenían conmigo en lo personal, o en lo colectivo, agregaron este asunto para tener algo más que reprocharme. Entonces se me hizo una interpelación pública para que explicara como era posible que hubiera escrito aquí lo que había pasado después de su edición. Les expliqué lo de la paradoja del tiempo. Lo único que sacaron en limpio de esa reunión fue que no sabían como conocía los sucesos antes que ocurrieran. Resignado y reprochándome por enésima vez haber tenido la esperanza que comprendieran, me fui del lugar sabiendo que se acababa de producir una nueva división, ya que los presentes recordaron que estaba escrito en este trabajo que esa noche yo sería apartado de la familia, de modo que sólo faltaba llevarlo a la práctica.Otra cosa que los irritó fue la famosa frase de origen oriental "no vale la pena conocer pasado o el presente para conocer el futuro, porque el futuro es la base del pasado y del presente". Corrió un río de asombro e incredulidad y al verme separado la familia fue que decidí formar la mía propia, lo que nos retrotrae a hojas anteriores, pero como ya fueron leídas, o arrancadas, sugiero que sigamos adelante.
El tercero que nació con nueve meses fue, precisamente, nuestro tercer hijo. El no tuvo la inclinación de sus hermanos en romper las cosas de un negocio que teníamos. Por ese entonces el negocio casi nos había arruinado y antes que lo hiciera, nosotros lo liquidamos a él, y nos dedicamos a otras cosas. Los niños, como dije, se dedicaban a romper cosas de una estantería baja y luego de cerrar continuaron con su peculiar actitud con libros y se especializaron también en cosas de electrónica de la casa. Pero, justo es decirlo, como dignos miembros apartados de la familia también tenían su parte sobresaliente: dormían. Característica que persiste hasta hoy.Cada uno poseía un carácter especial y en general eran, de niños, un poco monocromos: les gustaba ver nuestros rostros rojos. Pero dejemos en paz a nuestros hijos, no sin antes decir que son muy faltos de rigor burocrático y espontáneos, lo que a mi juicio es muy saludable. Nuestro cuarto hijo no es la excepción.En relación al tema de los burócratas, ahora recuerdo a otro pariente, empleado, en un "puesto oficial”. Según consta en su diario, una de las circunstancias más difíciles por las que tuvo que pasar en su carrera fue la de aprender a ser ordenadamente burocrático. Era una persona franca, llana y directa en la resolución de los problemas, de tal manera que tuvo que aprenderse toda una técnica mediante la cual debió tirar a la basura toda su espontaneidad cambiándola por lentitud y complicación, si quería conservar el puesto. Pero tenía una ventaja que le vino justo para el propósito para el cual estaba empleado: como dije, era muy ordenado y esto le permitió seguir y estructurar aún más la burocracia reinante, complicándola donde se debilitaba para beneplácito de sus superiores, quienes vieron en estos sucesos la ventaja de devolver favores creando continuamente nuevos cargos. Se aseguró esta manera la continuidad, pero fue lo suficientemente hábil como para que todo el trabajo del lugar y dependencias conexas pasara por su departamento, más exactamente por su escritorio, constituyéndose entonces en jefe nominal de sus jefes, a los cuales llegó a indicar que tarea debían realizar, e incluso cómo. A él se le atribuye la leyenda “cuidado hombres trabajando” que habitualmente vemos. Explica que se le ocurrió esa idea para evitar los malos entendidos con los transeúntes que de continuo protestaban sobre el despilfarro de sus impuestos, dándoles a entender que el que miraba supervisaba, lo que también es un trabajo. Este asunto apaciguó un poco los ánimos y dio por tierra con una modificación que estaba preparada de no prosperar la idea inicial.
Esta segunda tentativa consistía en agregar la palabra "intentando" al resto de la frase, con lo cual aquella quedaría "Cuidado, hombres intentando trabajar".En la historia de la familia hay, como se habrá visto, pensadores, aunque muchos opinan que mejor no hubieran existido. Pero, en fin...estamos y nos tienen que aguantar. Por lo que sé, tuvimos finalmente cuatro hijos que continuaron nuestra simiente. Ellos se casaron y tuvieron particularmente hijos e hijas. Uno de mis descendientes, es decir, uno que aún no nació a pesar de existir, -un biznieto que me honró llevando dignamente mi nombre- leyó un día de esos lo que ahora estoy escribiendo y quedó especialmente impresionado por la parte en que hago alusión a que el futuro es la base del pasado y del presente. Tal pariente tuvo una trascendencia muy especial en mi vida. Con el correr del tiempo comenzó a bucear en su mente en busca de los elementos ancestrales que le permitieran resolver el enigma que para su mente racionalista representaba la frase en cuestión y tanto insistió sobre el punto, que el punto se convirtió en una montaña que lo atrapó con su peso y ya no pudo escapar. Este hecho cambió el curso de su vida y de la mía. Se dedicó a la física temporal y esa rama de la ciencia lo llevó a perderse en el más lejano futuro de la historia, a tal punto que mientras se lo daba por perdido en su futuro inmediato, él se instaló, con su espíritu romántico, en el siglo XIX de nuestra era y llegó a ser, paradójicamente, mi bisabuelo. Pero más dramático resultó ser para uno de mis hijos, que a tan corta edad no podía asimilar que su nieto fuera la vez su tatarabuelo. De cualquier forma lo aceptó y no se tocó mas el tema hasta que un día nuestro futuro ancestro siguió adentrándose en su porvenir y vino a visitarnos durante algunos días para luego seguir su camino. Hay que ver el *mboyeré* -término traducible como revoltijo- que se le hizo a mi pobre hijo que no acertaba a tratarlo adecuadamente. Tras su breve estadía, llegó al momento de su nacimiento y, siguiendo las normas de cortesía jamás perdidas en la familia, fue a verse al hospital. Nuestros parientes estaban desorientados, excepto mi hijo que se imaginó quién podía ser, ya que su recuerdo era vago, pero que no obstante, por las dudas, se guardó muy bien de hacer ningún comentario. Pasados unos instantes más, continuó adentrándose más y se presentó en su primer cumpleaños, para asombro de todos, quienes seguían preguntándose quién era pero que no dijeron nada porque al verlo conversar animadamente con su abuelo -mi hijo- supusieron que sería su invitado. Recordó, entonces, al extraño que tanto lo había hecho reír en ese momento y también porqué a partir de aquí le quedó una cierta manía persecutoria.
Desde la época de su cumpleaños saltó escalonadamente creando a su paso una sinfonía de traumas entre sus descendientes. Sobre todo, me contó el susto de uno al verlo con pantalón corto en una playa y, cinco minutos después, vestido de negro en un parque alejado. Pero lo más notable fue el susto que se dio a si mismo al cruzarse saliendo de un hotel, en momentos en que recién había comenzado a investigar el asunto del tiempo.
Entre otra de las contribuciones que legó, figura una frase que dice: "cuando se diga algo y preguntes, se dirá que no se dijo lo que se dijo; y cuando no se diga nada y preguntes, se dirá que se dijo lo que no se dijo". Frase medio complicada; al parecer, la acuñó como parte de su experiencia política y gremial. Por otro lado, había encontrado la forma de adentrarse en el futuro, pero no la de retroceder en el tiempo, asunto que después desestimó porque al final, me dijo, era dar la vuelta en sentido contrario para ir a parar al mismo lugar. La segunda vez que nos visitó, confesó que de tanto dar la vuelta al tiempo finalmente se había mareado, por lo que se disponía a instalarse en el remoto pasado, o futuro, como mas les guste, en momentos de la llegada de extraterrestres al planeta. Así supe también sobre este asunto. Nunca más lo hemos vuelto a ver y, meditando sobre el evento, él podría llegar a ser, pienso, doblemente ancestro mío y de muchos más.
Nuestros restantes descendientes fueron perseverantes en sus vidas, especialmente en sus metas personales y familiares... pero mejor será que deje que cada uno relate esos sucesos en el momento oportuno, aunque no sería improbable que alguna de esas historias nos hayan llegado, por el paso del tiempo y de las generaciones, convertida en leyenda.
En fin, cosas de familia...
Cordiales saludos.


Juan Divague

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